traducido por @cantstopdoge

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El café sabe a mierda desde que pusieron ajo en el agua.

Durante todos estos siglos, se dijo que los vampiros eran un mito, cuando en realidad se habían estado escondiendo en el ataúd, por así decirlo. Con cada sorbo de su café, Jonas Sulke recordaba cuanto los odiaba. Extracto de ajo era añadido al suministro de agua a lo largo del país, elevando los niveles de ajo en la sangre humana para hacerlo desagradable a los vampiros. Era una novedosa, inspiradora solución del estado al PV (problema vampiro).

“Sabes, Nouri, llega al punto en el que apenas puedo seguir bebiendo café.”

“Sigue siendo mejor que agua de ajo,” contestó Nouri. Jonas almorzaba con Nouri casi todos los días en el instituto de investigación Magnum Dei.

“Lo sé, pero aún me siento mal por la multa que tuviste que pagar.”

“Está bien, Jonas. Sabes, para serte honesto, Estaba trayendo galones de esta agua a casa; tu taza de café no levantaba ninguna sospecha en el departamento. Supongo que fui demasiado codicioso al querer esta preciosa, y pura agua para mí. En realidad, es únicamente para los sujetos de prueba.”

Los agricultores de ajo, alguna vez pequeños contingentes de la agricultura estadounidense, se habían vuelto un poderoso cártel. En las afueras de las ciudades, podías manejar por millas y millas sin ver un solo árbol frutal. Filas y filas de ajo ondeaban ese aroma picante. En el viejo país, donde todavía se deshacen de los vampiros de la forma antigua, felizmente vendían sus productos a precios desorbitantes. El NEWS elogiaba la gloria del libre comercio con el viejo país cuando no estaban infundiendo miedo sobre la naturaleza bárbara y exótica de estos. El TIMES instó a los ciudadanos a comer aún más ajo para estimular a la economía local. Una cosa era segura: Las viejas costumbres no iban a regresar.

Jonas leyó en el TIMES:

Otros estados han legalizado el que los vampiros tengan subordinados. Desafortunadamente, nuestro estado no es uno de ellos. El gobernador Johnson quiere que el estado garantice ese derecho. En una carta al gobernador, Rasputin Villarose, portavoz de la organización de los derechos de los vampiros, dijo, “No puedo engrandecer el dolor que sentimos como vampiros y como familias cuando leemos este argumento, presentado en la corte estatal, implicando que las relaciones entre los vampiros y sus subordinados no tienen un derecho más constitucional que las incestuosas.”

El ajo no mataba a los vampiros, pero debilitaba su sed por sangre humana, lo suficiente para que no se saciaran con los vivos. Eso, y las donaciones obligatorias semanales de los ciudadanos humanos. Los vampiros no tomaban agua, pero el contenido de ajo en la sangre de los humanos era lo suficientemente alto como para atenuar su hambre parasitaria, como la metadona. Las donaciones obligatorias habían sido impuestas en los ciudadanos por una pequeña mayoría de nerviosas amas de casa suburbanas que, cuando no vacilaban y retorcían sus manos para un referéndum, se dedicaban completamente a hacer cumplir el resultado. Las donaciones de sangre semanales dejaban a los humanos demacrados y pálidos. Haciendo más difícil distinguir entre humanos y vampiros. Jonas había intentado excusarse de hacerlo, pero conseguirlo era casi tan complejo como adquirir un filtro de agua. No podía colectar datos sin el filtro de agua, pero podía prescindir del ajo en su sangre cada semana, por lo que su petición había sido negada.

Habían pasado años desde que Jonas hubiera oído la palabra “Chupasangre” en la televisión. Necesitabas una licencia simplemente para cargar estacas, que estaban generalmente limitadas a dos por persona. Jonas tenía varias estacas ilícitas, pero no estaba ni cerca de las que tenía Nouri, quien venía del viejo país y tenía a una familia a la cual proteger.

Los vampiros habían formado una organización sin fines de lucro 50 años después de la gran guerra. Ellos habían logrado, a través de varios pagos a políticos simpatizantes (aquellos que no eran ya subordinados), comprado donaciones de sangre obligatorias y constantes llamados a las personas para aceptar a los vampiros y que estos pudieran salir de “las sombras” y hacer una vida productiva, pagando impuestos dentro de la sociedad. Los vampiros habían aceptado la sangre gratis, pero habían permanecido en las sombras, y se habían negado a interactuar con los humanos en los términos de estos. Tomaron todos los turnos nocturnos en los cafés, bares, salas de tatuajes, y se apropiaron de turnos en las tiendas de comestibles, pero su estilo de vida no requería de alimentos ni atención a la higiene ni hogar. Ellos no tenían horarios, iban y venían de las grandes ciudades, desconfiados de la molesta población rural que estaba lista para actuar sin precursores. A pesar de que poseer un filtro de agua sin licencia era un crimen, algunos vampiros obtuvieron uno a través del mercado negro y habían tenido una masiva, sangrienta orgía de destrucción, cubierta con detalles inarticulados en el NEWS. Mientras tanto, el TIMES había cubierto, en prosa inmaculada, el horrible acoso a los (sin falta) inofensivos y respetuosos de la ley vampiros. Jonas leía ambos periódicos a diario y, como resultado, no tenía opinión al respecto…él sólo deseaba una buena taza de café orgánico.

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